La dana disparó la contaminación fecal en l'Albufera, que seguía alta seis meses después, según el CSIC
Cuatro trabajos del CSIC analizan las secuelas ambientales y sanitarias de la riada de 2024 en Valencia, entre ellas un aumento de los partos prematuros en los municipios inundados.
Por Carmen Pardo, Valencia
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La riada del 29 de octubre de 2024 en la provincia de Valencia arrastró hasta el parque natural de l'Albufera grandes cantidades de aguas residuales sin depurar, y medio año después varios indicadores de contaminación fecal todavía no habían vuelto a sus valores normales. Es la principal conclusión de uno de los cuatro estudios del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que la Agencia SINC difundió este viernes, al día siguiente de que se cumplieran dos años de la catástrofe.
El trabajo sobre el humedal, liderado por el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC) con la participación de otros centros del organismo, se ha publicado en la revista Journal of Hazardous Materials. El equipo hizo un seguimiento de meses del agua y los sedimentos de l'Albufera y de los barrancos del Poyo y de Picassent, y midió bacterias como Escherichia coli, virus entéricos y colifagos, además de la contaminación química.
Justo después de la inundación, los indicadores fecales se dispararon por los vertidos de depuradoras y redes de saneamiento colapsadas. Luego bajaron, pero no del todo. «Estos resultados confirmaron una importante entrada de aguas residuales tras las inundaciones», explicó la investigadora del CEBAS-CSIC Ana Allende, según recoge SINC. La contaminación química fue de baja a moderada, con puntos más afectados a lo largo del barranco del Poyo por la actividad urbana y agrícola. Los autores piden estudiar también los sedimentos, porque pueden retener contaminantes durante mucho tiempo, y reforzar las infraestructuras de saneamiento ante fenómenos extremos.
Lodos, polvo y microplásticos
Un segundo estudio, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) y publicado en Integrated Environmental Assessment and Management, analizó plaguicidas, plastificantes, retardantes de llama y cloroparafinas en muestras tomadas en noviembre de 2024. La dana dejó unas 800.000 toneladas de lodo, en las que los valores de riesgo superaban en más de 500 veces los umbrales de seguridad ecológica. En el polvo en suspensión, en cambio, los niveles de aditivos plásticos fueron comparables a los del aire de interiores, y el equipo concluyó que su inhalación no añadía un riesgo tóxico para la población ni para quienes participaron en la limpieza. Es decir, esos compuestos supusieron un riesgo para el medio ambiente, no para la salud humana.
El tercer trabajo, en Environmental Pollution, encontró en el barro más microorganismos potencialmente patógenos, como Salmonella y E. coli, y virus entéricos humanos. El polvo, con poca carga microbiológica, contenía el doble de microplásticos por gramo que los sedimentos y en partículas más pequeñas, lo que facilita que se dispersen por el aire.
Más partos prematuros
El cuarto estudio, del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (IPP-CSIC) y publicado en Social Science & Medicine, comparó 11.948 nacimientos registrados por el INE en la Comunitat Valenciana en noviembre y diciembre de 2023 y 2024, en municipios afectados y no afectados. Haber vivido la inundación en el último trimestre del embarazo se asoció con dos puntos porcentuales más de probabilidad de parto prematuro, sobre una tasa base del 5,5 %: un aumento relativo del 36 %. En las localidades más golpeadas, la subida estimada llegó a 4,2 puntos.
Se trata de una asociación estadística, no de una relación causa-efecto demostrada. Las autoras apuntan al estrés materno como posible explicación, aunque no lo midieron directamente. «Es necesario incorporar la salud materna a los planes de prevención y respuesta ante desastres naturales», afirmó la investigadora del IPP-CSIC Leire Salazar.