El comercio mundial de especies silvestres alcanza a más de 107.000 especies, el doble de lo estimado
Un estudio en Science Advances liderado por la Universidad de Melbourne reúne por primera vez plantas, animales y hongos, y advierte de que la falta de registros impide saber cuántas especies están en peligro por ese comercio.
Por Carmen Pardo
3 min de lectura
Al menos 107.356 especies de plantas, animales y hongos se compran y se venden en el mundo, más del doble de las alrededor de 50.000 que se manejaban hasta ahora. Es la conclusión de un estudio publicado este viernes en la revista Science Advances y dirigido por la investigadora Alice Hughes, de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Melbourne (Australia), según informa la Agencia SINC. No consta participación de instituciones españolas en el trabajo.
Los autores lo presentan como la primera evaluación global que suma los tres grandes reinos objeto de comercio. Para elaborarla cruzaron fuentes de distinto tipo, entre ellas datos del comercio en línea y los registros de LEMIS, el sistema estadounidense que ofrece, según el equipo, el único listado nacional de acceso público con información detallada sobre importaciones de fauna silvestre.
Una cifra que probablemente se queda corta
El salto respecto a estimaciones anteriores no significa necesariamente que el comercio haya crecido, sino que hasta ahora se medía con datos muy incompletos. La mayoría de los países no registra qué especies silvestres entran o salen de sus fronteras. Solo hay seguimiento sistemático para algunos grupos: la pesca y la madera, que supervisa la FAO, y una parte de las especies amenazadas incluidas en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES).
Por esa falta de datos, el estudio no permite calcular cuántas de las 107.356 especies están amenazadas por el comercio. Sí aporta algunos indicadores: la actividad alcanza al 42 % de las especies de vertebrados, y las pocas poblaciones comercializadas que se han evaluado muestran descensos medios de entre el 50 % y el 63 %. Ese dato, subrayan los autores, procede de una fracción muy pequeña de las especies, por lo que no puede extrapolarse al conjunto.
Los grupos que el equipo considera más expuestos son los reptiles, los anfibios y algunos invertebrados, como los arácnidos (entre ellos, tarántulas recién descritas), muy demandados como mascotas. Trabajos previos del mismo grupo indican que muchas especies empiezan a venderse en el plazo de un año desde que se describen para la ciencia, cuando aún no tienen ninguna protección específica. Hughes también apunta a las pérdidas ocultas: «Por cada animal silvestre que se vende, muchos otros mueren durante su caza y transporte».
Europa, gran importador con datos opacos
El artículo señala a Europa como uno de los principales destinos de fauna silvestre, sobre todo para el mercado de animales de compañía, con Alemania y Polonia entre los grandes importadores de arácnidos y reptiles. Según Hughes, la Unión Europea aplica criterios de importación menos estrictos que Estados Unidos y su base de datos TRACE no está abierta a los científicos.
Más allá de la conservación, el comercio puede favorecer la llegada de especies invasoras, parásitos y patógenos. Los autores recuerdan que la viruela del mono (mpox) llegó a Estados Unidos a través de roedores importados como mascotas, y consideran insuficientes unos controles de bioseguridad centrados en un número limitado de enfermedades.
Como propuesta, el equipo pide estandarizar la recogida de datos, coordinar los registros entre países y conectar los sistemas aduaneros con las inspecciones sanitarias, que hoy funcionan por separado. Con esa información, argumentan, se podrían detectar operaciones sospechosas, como precios anormalmente altos que delaten ejemplares capturados ilegalmente, e identificar qué especies necesitan con urgencia una evaluación de sostenibilidad.