La sequía y la caída del conejo llevan al lince a cazar crías de milano negro en Doñana
Un estudio de la Estación Biológica de Doñana publicado en Nature, basado en 1.624 nidos seguidos durante tres décadas, describe un efecto en cadena que llega hasta el mochuelo.
Por Carmen Pardo, Sevilla
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El lince ibérico ha empezado a asaltar los nidos del milano negro en Doñana cuando la sequía y la escasez de conejos lo dejan sin alternativas. Así lo concluye un trabajo de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) publicado en la revista Nature, que ha analizado 1.624 nidos de esta rapaz entre 1993 y 2023 en un sector de 10 kilómetros cuadrados del Parque Nacional, según informaron el CSIC y la agencia EFE.
Los investigadores describen un nivel de depredación sin precedentes en las tres décadas de seguimiento. En un solo año, los linces llegaron a eliminar casi la mitad de los pollos volanderos de milano de toda la población estudiada, según el primer autor del estudio, Fabrizio Sergio, investigador de la EBD-CSIC. Para alcanzar los nidos, los felinos llegaron a trepar unos 12 metros por los árboles.
Dos presiones que se suman
El trabajo atribuye el cambio a la coincidencia de dos factores. El primero es una enfermedad: desde que la hemorrágica del conejo hundió las poblaciones de este lagomorfo en 2013, los linces pasaron a depredar con intensidad a los pollos de milano, algo que antes no ocurría porque ambas especies convivían compartiendo un conejo abundante. El segundo es el agua: el ataque a los nidos se concentra en los periodos de escasez hídrica, cuando también faltan las presas alternativas del lince en las marismas, como los patos.
«Durante los años de sequía, las principales presas alternativas del lince, como son los patos, también son muy escasas», explicó Sergio en la nota del CSIC. En esas condiciones, añadió, los linces se ven obligados a comer lo que encuentren.
Los autores observaron además que los linces atacaban con más frecuencia los nidos de milano bajo los que había restos de conejo. Lo interpretan como un indicio de que el felino podría estar eliminando también a un competidor por el mismo alimento, una hipótesis que se apoya en una asociación observada en el campo y no en una prueba directa de esa intención.
Efecto en cascada
Las consecuencias no se quedan en el milano. Los adultos cuyos nidos fueron saqueados tenían más probabilidades de abandonar su territorio. Y con menos milanos, ha aumentado la población de mochuelo, una pequeña rapaz nocturna insectívora de la que el milano se alimenta. Según el CSIC, el efecto se ha transmitido así hacia los niveles inferiores de la cadena trófica.
El estudio subraya también la capacidad de adaptación de las tres especies: el lince cambió de dieta, los milanos se desplazaron y los mochuelos ocuparon el hueco que estos dejaron. Sergio advirtió de que estos efectos «pueden desarrollarse de forma silenciosa durante años» y de que conviene abordar a la vez las distintas presiones que sufren los ecosistemas, porque unas pueden amplificar las otras.
Como medidas, los investigadores proponen recuperar las poblaciones de conejo y mantener un régimen de inundación adecuado en las marismas del Guadalquivir, para que haya presas disponibles y el sistema sea menos vulnerable a la sequía. El primer autor también llamó la atención sobre la financiación de la ciencia: sin décadas de seguimiento continuo, dijo, habría sido imposible detectar esta interacción, y alertó de que cada vez se apoyan menos los estudios a largo plazo.
El trabajo se limita a un único sector de Doñana, por lo que sus resultados describen lo ocurrido en esa zona y no permiten extrapolar, por sí solos, el mismo comportamiento a otras poblaciones de lince de la península.